Este artículo fue escrito para el blog de Chipax, pero finalmente nunca se publicó.
Sí, fue hecho en Paint. ¿Cómo lo supo?
Partamos por el disclaimer obvio: no me gustan los artículos que describen recetas para ser más productivo. Y si me hablan del mito del 10x programmer (o del ufanado que se va de la oficina a las 3 de la tarde porque terminó todo) se gana un instantáneo control + W para cerrar la pestaña de Chrome. Pero no me gustan no porque sean inútiles: no me gustan porque me hacen sentirme mal y porque no generalizan a otros ambientes. Veamos si logramos algo distinto.
Mientras escribo esto es viernes AM. Escucho Camilo Sesto on repeat (después me cambiaré a Miguel Bosé). Tengo que partir un nuevo feature, pero decidí procrastinar escribiendo un artículo sobre la productividad. Oh, the irony. Hoy no será un día productivo. O, al menos, no uno tradicionalmente productivo (menos código pero más prosa: ¿Quién soy yo para decir cuál vale más?).
No me definiría como una persona productiva. Quizás (ojalá) eficaz, pero no eficiente. Me gustaría serlo, por lo que me percato cuando hay días productivos, y nunca olvido los días donde no logré nada más que responder encuestas de Buzzfeed. Acá dejo un listado no priorizado de ideas que me han servido para aumentar un poco mi productividad.
Mis humildes ideas
- Reducir los cambios de contexto, pero nunca a 0. Sí, cortar tus pensamientos para marcar como leído el octavo “jajaja” de un grupo de Whatsapp es una mala idea. Pero tienes que estar atento a cuando la tarea en la que estás te arrastra a ti y no viceversa. Es momento de cambiar a otra de tus probablemente miles de responsabilidades. Lo que me lleva al punto número:
- Procrastina con trabajo, no RR.SS. Yo trato de mantener al menos dos y máximo tres tareas que debo hacer en la semana en mi mente. Si la primera prioridad se me bloqueó por algo externo o simplemente me fundió, cambio a la siguiente prioridad. Suena obvio, pero la aprehensión de dejar la prioridad-número-1-para-ayer de lado para corregir un pixel que te molesta hace semanas no es despreciable. Un gran triunfo es entender que meterle más minutos con poco cerebro a la primera prioridad no hará más feliz a nadie, ni al PM ni a ti.
- Tomarse 10 minutos para mirar una pared con la cabeza vacía para descomprimirse es un placer y, a la vez, parte indispensable de la jornada laboral. Y digo 10 minutos porque mi jefe lee esto. Hipotéticamente podrían ser más, mientras vuelvas energizado a resolver lo que necesita resolverse.
- La mente es peor para el pensamiento abstracto de lo que uno cree. Usar el tiempo en un principio para —por ejemplo— limpiar datos puede traer problemas. En software se combate la leyenda de lo perfecto-a-la-primera con tracer bullets, pero en otras áreas se puede pensar en pruebas de concepto, MVPs, prototipos. Entender primero el flujo de información entre las partes y su contrato. Construir de afuera hacia adentro: Partir tendiendo el puente con tu cliente (ya sea un gráfico para un reporte con datos falsos, una API que sigue un contrato pero no tiene lógica, un artículo que tiene la reflexión final y la catchphrase para LinkedIn, etc.). Con esto reduces la cantidad de variables corriendo dentro de tu cerebro y la vida sonríe más seguido.
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No desprecies las micro-optimizaciones. ¿Te llegan correos a los que te suscribiste hace dos años que ya no necesitas? Desuscríbete. Aprende shortcuts no obvios en las aplicaciones que usas. ¿Copiar y pegar el formato de una celda en Google Sheets? ¿Seleccionar todas las ocurrencias de una palabra en un editor de código? Hay un mundo más feliz dentro del teclado. La coordinación ojo-mano del mouse es lenta y ocupa capacidad de tu cerebro sobreexplotado. Hágase un favor y ocupe el teclado.
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Pide no ir a reuniones donde sabes que vas a estar leyendo Twitter (pero con respeto). O, al menos, pide solamente asistir 5-10 minutos para discutir el único punto que te compete. Y si no está claro si tienes que ir o no, es porque esa reunión no tiene una agenda clara y todos van a perder el tiempo.
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Entiende el efecto que tiene el trabajo en tu cuerpo. El hacer una tarea no solo tiene un efecto en el output, sino en quien lo opera. No puedes pretender después de 7 horas de trabajo intenso tomar la siguiente tarea difícil como si fueran las 9 AM. Para los lectores más nerds, sirve pensar que el trabajo no es una función pura: el input (la persona) se modifica, igual que el output. En cosas buenas (aprendizaje) y cosas malas (cansancio, frustración). Hay que tener ambas claras.
Es agradable sentirse productivo y sentir que cada vez puedes hacer las cosas más eficientemente. Pero es un arma de doble filo. No somos robots, y el sentirnos bien mientras hacemos algo es mucho más importante que el número en que se detuvo el cronómetro. A veces yo prefiero tomarme el tiempo para tomar un approach más mindful: hacer algo por disfrutar hacerlo. No importa si es algo mecánico, difícil, o lento. Hay sabores que uno deja de notar en las actividades del día a día cuando solo buscas terminarlas. Sí, mide el tiempo que te toma. Sí, busca reducirlo sin arriesgar la calidad. No, no lo tengas como única meta. A veces las cosas tienen sus ritmos naturales, y eso está bien.