En la ciudad moderna el profeta no puede cruzar las murallas de la ciudad.
Entra, en cambio, por los suburbios.
Recoge la primera Báltica que encuentra
Pero no hay un basurero donde botarla, y se da por vencido.
La tierra de las plazas es lo suficientemente engreída como para ver
Que ahí nunca hubo pasto
Que por ahí nunca pasó nadie de Aseo y Ornato.
El profeta no necesitó clamar a los cielos que Dios había olvidado a su pueblo.
El pueblo lo sabía.
Si solamente Excel fuera un arma automática, lamenta el profeta.
Si la tabla dinámica de Excel fuera abiertamente una AK-47.
Quizás ahí podríamos notar el poderío militar de La Planilla.
Quien mata no es solamente el policía bruto
[(el impulso eléctrico se originó en otra parte).
Quien mata es quien aprueba el presupuesto.
Quien decide, porque la celda X72 se tornó roja,
que se financiará al camión antidisturbios
y la causa de la agitación se dejará para mañana.
Quien asesina es La Planilla.
El analista busca satisfacerla, trabajando largas horas.
Pero la ira de La Planilla no se apacigua con esfuerzos.
La celda sigue roja.
Sangre nueva.
No es la sangre del analista lo que necesita.